Clientes del Banco Popular asaltado pedían a Dios que no les pasara nada

Santo Domingo.- Los asaltantes entraron al Banco Popular situado en la avenida Luperón esquina Olof Palme, y gritaron “Que nadie se mueva, esto es un asalto”, conjuntamente le dispararon a un vigilante y le quitaron la vida. Los autores del crimen cargaron una suma millonaria.

Estos planificaron llegar al banco al momento que el vigilante externo estuviese almorzando, todo ocurrió a las doce del mediodía.

El occiso Sabino Méndez Martínez tenía 34 años de edad y llevaba ejerciendo como seguridad en el banco alrededor de cuatro años.

Ramón López, el guardia de seguridad que salió ileso del asunto, señaló lo siguiente: “Al escuchar el disparo dejé mi comida y fui a ver lo que pasaba, pero cuando llegué a la puerta me encañonaron y me tiraron al piso”.

A éste lo lanzaron al piso junto al cuerpo de su compañero que yacía en el piso en un charco de sangre. Un hecho completamente traumatizante.

López comenta que los clientes presenten rezaban y pedían “Dios mío, que no nos pase nada”, al momento de los asaltantes decirse entre sí: “rápido, rápido”.

Los individuos estaban vestidos de negro y portaban gorras, estos ejecutaron al menos dos disparos.

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Toda la operación duró menos de seis minutos. “Cuando ellos salieron también dispararon al aire y corrieron hacía la Luperón”, afirmó Carlos Sosa, quien fue un testigo del segundo asalto que se realiza a un banco en tan solo una semana.

Hay que mencionar que en la avenida los estaba esperando una motocicleta en la que se huyeron doblando a la izquierda por la calle Olof Palme. Mientras se iban, tiraron al aire billetes de RD$2,000 los cuales fueron recogidos por los presentes, esto lo narraron varios testigos.

Por su parte, un vigilante privado que estaba cerca del lugar, les hizo varios disparos que fueron evadidos por los delincuentes.

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Después del hecho, decenas de representantes de la Policía se dirigieron a la entidad bancaria para hacer los levantamientos del respectivo lugar.

Una hora después comenzaron a salir las cajeras, con las manos que le temblaban y con lágrimas en los ojos. A penas podían caminar cuando eran escoltadas hasta un carro para irse del lugar. Dentro de las 7 empleadas, había dos embarazadas.