Un caso para los que hablan mal del país

N. Jean, una joven haitiana, se encuentra en la sala de Terapia Intensiva del hospital José Ma. Cabral y Báez, a raíz de un trauma sumamente grave en el cráneo, tórax, abdomen y ambas piernas.

Es importante mencionar que esta joven duró 63 días en el área de cuidados intensivos, de los cuales pasó 47 conectada a un ventilador mecánico para así asegurar su bienestar respiratorio, aparte de esto, la intervinieron quirúrgicamente en tres oportunidades y a raíz que llegó a un proceso infeccioso hubo que administrarle antimicrobianos de última generación, tomando en cuenta que sus precios son prohibitivos.   

En vista que el costo promedio diario en RD de una sala como esa, llega a alcanzar los 50 mil pesos por todos los equipos de tecnología de punta que poseen, la atención médica que recibió N. Jean, le costó la gigantesca suma de RD$3,150,000, lo que equivale a 70,628 dólares. Ahora se pregunta, de esta extraordinaria suma, ¿cuánto pagó la familia de N. o el gobierno haitiano? ¡Absolutamente nada!

Lamentablemente, la joven no se pudo inscribir en el proceso de regularización que inicio RD para los extranjeros residentes, esto evidentemente por su problema de salud y por estar completamente indocumentada al llegar meses antes al país.

A raíz del empeño que impuso el gobierno dominicano en cumplir con uno de los principales Objetivos del Milenio ahora en el 2015, que es reducir la tasa de mortalidad materna a menos de 100 por cada 100 mil niños que nazcan vivos, el Ministerio de Salud tiene como objetivo organizar y equipar aparte una sala mediana de Terapia Intensiva que esté dentro del Departamento General de Cuidados Intensivos para así brindarle una mejor y exclusiva atención a embarazadas y parturientas que se encuentren complicadas. Esta sala cuenta con tres camas. Normalmente, siempre hay por atender a dos haitianas residentes ilegales y una dominicana, y con frecuencia las tres camas están ocupadas por mujeres haitianas con embarazos y partos complicados. Demás está decir que la atención que reciben le cuesta al Estado millones de pesos.

Es por eso y mucho más, que decir que República Dominicana maltrata, discrimina y desnacionaliza a los haitianos ilegales o a los dominicanos descendientes de haitianos, es algo totalmente fuera de lugar.

Se menciona a su vez, la existencia de numerosas personas que dicen amar a los haitianos, siempre y cuando se mantengan lejos, o peor aún, los llamados “pro haitianos” que nunca se han acercado a conocer a fondo la tragedia que vive ese país, en comparación a los gobiernos de RD

Al momento de Haití pasar por la tragedia del terremoto, RD los apoyó en su totalidad, por lo que es una plena bajeza que ahora pretendan obligar al país que los ayudó a hacerse cargo de sus pesares, tanto como de gobierno y como de país.  

La decisión de ser un vecino generoso ha sido  indiscutiblemente una conducta de grandeza que expresó la República Dominicana frente al pueblo haitiano cuando actualmente hipócritamente señalan interesarse por él, en vista que desertaron de su responsabilidad moral como comunidad internacional, eso simplemente no se puede cuestionar.